Declaración Pública (O la historia del Cerebro que quiere ser Pinky)
os hechos que nunca había sentido. El primero es querer tanto a una mujer, al punto de llorar por su amor. Y el segundo fue, que por primera vez, ya no soy un estudiante y pasé de la noche a la mañana a ser un cesante (cacofonía deliberada). Frente a esto, me deprimí muchísimo, porque me di cuenta lo difícil que es encontrarse con uno mismo, qué es lo que pasa cuando te levantas, te lavas los dientes, tomas desayuno y te preguntas, ¿qué haré hoy? y los grillos empiezan con un "cri cri" . Es en ese momento que te das cuenta que estás solo en este mundo, que te quedan al menos 12 horas (si es que puedes cerrar los ojos) para poder dormir y enajenarte.
u corbata de luca y sus zapatos Bata. Que sale a las 6:30 para tomar la micro e irse a la pega. Quise ser el típico trabajador que salió del Liceo sabiendo que su vida sería regular, a "medio morir saltando". Es ahí donde me di cuenta que quiero ser el hombre promedio de Chile. Ese que tiene una esposa obesa, que no trabaja fuera del hogar, pero que dentro de él hace el aseo y ve la teleserie venezolana.
la corten, que no tiene un segundo para pensar en uno mismo. Quiero ser ese hombre promedio nacional, aquel que le da rating a "Morandé con Compañía"; ese que se hace una paja en la ducha pensando en la Licenciada Tetareli y que ríe con el humor burdo y básico de Ruperto, Tony Svelt y el Profesor Salomón.
Quiero ser ese hombre mediocre, que nació para ser mandado y basureado por unos cuicos terneados.
evidente (frase de mi mentor: Leon-o). Quiero enajenarme en los Evangélicos, Mormones, Opus Day o Legionarios de Cristo. Quiero Gozar y Bacilar con Daddy Yankee y su reggaeton. Quiero saber que mi alma descansará en el infierno al que me iré en algunos decenios más. Quiero que el Todopoderoso (si es que existe), tenga compasión por este cordero que se atrevió a pensar, debatir, discutir y sentir. Quiero que exista clemencia conmigo, por ser alguien que controla su vida y no es la vida la que me controla. Por eso señoras y señoras, presento mi renuncia irrevocable a pensar, he sido mi juez y me he autocondenado al ostracismo mental, no quiero pensar más, no quiero que los pensamientos me cuestionen y me hagan ver que en esta sociedad no hay cabida para mi agil mente, no quiero saber que después de haber estudiado 18 años, tenga que trabajar por el sueldo mínimo y viéndole la cara a gente que no es más que yo. Por eso me rehuso a trabajar; viviré del amor y la compasión familiar. He dicho.







































